Tarjetas de crédito y débito
Las tarjetas de crédito y débito ayudan a la realización de compras sin dinero en efectivo y posibilitan que se pueda diferir el pago en periodos cortos y en buenas condiciones.
Con las tarjetas crédito el usuario puede pagar y retirar dinero incluso si su cuenta no dispone de fondos en ese momento, ya que aplaza el cobro hasta el siguiente mes, (a no ser que se utilice como un medio de pago a plazos, con un periodo es más largo). La facilidad del uso de la tarjeta de crédito para el aplazamiento a varios meses con una simple comunicación de las condiciones de pago de una compra concreta, no debe confundirse con un crédito al consumo, puesto que las condiciones relacionadas con el tipo de interés en este caso serán mucho más altas que en un crédito al consumo.
Hay un uso muy extendido de tarjetas de crédito de empresas comerciales no financieras. En cada caso debe verse si la compra concreta conlleva algún tipo de interés o comisión a partir de un número determinado de periodos. Si ello es así el TAE que aplica el comercio supera a menudo en mucho el tipo que se puede obtener a través, por ejemplo, del crédito al consumo en una entidad financiera tradicional (bancos o cajas de ahorro). Para compras de pequeña cantidad, normalmente el comercio no aplica ningún recargo con lo que su uso no supone una carga adicional al sobreendeudamiento. El sector comercial ofrece la posibilidad de utilización del aplazamiento de pago en las compras a sus clientes sin interés en los primeros meses. Es un método muy utilizado para esponjar la situación de exceso de presión de la deuda del periodo. Únicamente el abuso desmesurado de este recurso puede tener un impacto negativo y aumentar el riesgo del sobreendeudamiento.
Las tarjetas de débito, cargan inmediatamente en la cuenta del usuario los importes de la operación que se realiza hasta el límite de los fondos de dicha cuenta pactado con la entidad emisora. Las tarjetas de débito permiten disponer de efectivo en la red de cajeros automáticos que cubre toda la geografía. En este último caso, debe observarse con atención si la disposición se realiza en la red propia de la tarjeta, en su propia entidad bancaria o en otras entidades o redes ya que las comisiones e intereses derivados (en caso de descubierto) son muy distintas. Lógicamente es en los cajeros de la propia entidad donde se consigue el precio más barato o incluso se consigue disponer de efectivo sin cargo. La disposición de efectivo en tarjetas de crédito de la misma red puede cargarse hasta el 2 % y en otra red hasta el 4,5 %. En caso de impago de tarjeta de débito los intereses se disparan y en consecuencia para ello conviene utilizar la tarjeta de crédito que puede resolver el impago antes de su vencimiento o incluso atenderlo a un tipo de interés mas bajo que el del descubierto en cuenta corriente.
En resumen, el mal uso o el abuso de las tarjetas de crédito y débito suponen un riesgo adicional a los peligros del sobreendeudamiento.