
A estos nuevos productos se les incorporan sustancias que por sus propiedades los convierten en alimentos funcionales.
En el campo de la industria del sector cárnico también hay novedades, ya que nos encontramos en el mercado con una amplia gama de derivados cárnicos a los que se adicionan ciertos elementos, con el objetivo de ayudar a prevenir determinadas enfermedades.
| Nuevas líneas de investigación |
A través de minuciosos estudios tecnológicos y bromatológicos se ha conseguido introducir en algunos derivados cárnicos, como el pavo o el jamón cocido, elementos con propiedades funcionales, como la fibra, el calcio, los ácidos grasos omega 3 o ciertas vitaminas que hasta ahora se habían aplicado mayoritariamente en el sector de los lácteos.
El Instituto de Investigaciones Agroalimentarias (INIA) es el encargado de garantizar la calidad y la rigurosidad del funcionamiento de estos elementos adicionales y continuará investigando junto con la industria alimentaria para elaborar productos que introduzcan en su composición elementos que ayuden a un mejor funcionamiento del organismo.
No obstante, los expertos recuerdan que el consumidor nunca debe confundir un alimento funcional con un medicamento, y que los alimentos funcionales ayudan a prevenir enfermedades, pero no a curarlas.
Además, uno de los problemas actuales en relación con algunos de los tipos de productos enriquecidos en determinados nutrientes, es que al encontrarse en una gran gama de alimentos pueden producir un sobreconsumo de los mismos, si se supera la ingesta recomendada por el fabricante que sería la adecuada para obtener el efecto beneficioso de su consumo.
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